El cortijo

El Cortijo de La Argumosa representa una excelente oportunidad para vivir la atmósfera de Sierra Nevada en el corazón mismo del Parque Natural.

Los primeros datos sobre su existencia se remontan a un grabado del S. XVII, donde aparece un conjunto de casas en el lugar que posteriormente se convertiría en el Cortijo de San Antonio, la cortijada, que por aquel entonces servía de vivienda para treinta familias, fue entregada por los Reyes Católicos al Marqués de la Argumosa, que construyó el antiguo cortijo y la Ermita de San José, lugar de peregrinación para las gentes del valle al igual que la antigua cruz de piedra conocida como la “cruz de la trinchera”, que linda con el pueblo de Güejar Sierra.

Además la cortijada contaba con su propio molino de pan y sus viñedos con los que elaboraban su propio vino, la finca fue dedicada al cultivo de las cerezas hasta ser abandonado en los años sesenta. Es a partir de entonces cuando los últimos propietarios construyeron la impresionante casa de piedra frente a la antigua cortijada.

La rehabilitación de la casa se ha realizado conservando el señorío de la misma, se ha mostrado especial respeto por la estructura original, manteniendo la topología externa, así como los arcos originales en la bodega e incorporando además solerías de antiguas villas como por ejemplo las que adornan el salón-biblioteca, restauradas combinando técnicas de pedrería hidráulica con otras modernas, pero a su vez dotándolas de las comodidades y servicios que aseguraran el bienestar de sus visitantes. El cortijo se haya además en equilibrio con el medio ambiente, integración armónica que ensalza tanto a la gran casa de piedra como al medio paisajístico que le rodea, equilibrio que se traduce en su huerta ecológica y tradicional y en la utilización de energías renovables.